Por las tardes, cuando salimos a dar un paseo, mis pies van cayendo uno delante de otro, dibujando pasos largos y apurados. A esta hora, la de la costumbre, el sol, ya oblicuo, me priva de la vista con sus últimos rayos. Envuelto en esa ceguera, resuena un murmullo que canturrea “tikitac, tikitac” con tiempo…
