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La mujer que amó a Luis Piedra Buena

Lautaro Frank – 21/06/2021

Si yo hubiera sido Dios, el octavo mandamiento sería distinto. No puede pedírsele a los hombres algo tan inhumano. En su lugar y para simplificar toda la historia de nuestra existencia, le hubiese susurrado a Moisés un oportuno “No escribirás”. Porque cuando escribimos, la mayoría de las veces estamos pecando.

Así estuve hasta ayer mismo. Pecando y pecando. Dándole vueltas a una idea, girando alrededor del papel. Viboreante e inventivo. Pensaba en una bella calumnia y estaba decidido a escribirla. Leía artículos, mientras afilaba un puñal de traición que clavaría en el espíritu y la memoria de Luis Piedra Buena, cuando descubrí la existencia de Julia M. Dufour. Ella fue la mujer que amó a Luis Piedra Buena.

Me di cuenta anoche que de mi mano no podría salir un mejor romance, ni una doncella más oportuna para Don Luis que su propia esposa, Doña Julia. Su amor ha sido grande no por el grado de felicidad que pudieron haber alcanzado, sino por el tamaño de sus renuncias, mayores que las que tenía previsto imponerles. La vida les fue fértil en cardos y tempestades.

Injustamente, la grandeza de sus actos está escrita en el reverso de la página de los grandes nombres patrios. Hay que rebuscar mucho para encontrar sus rastros. Por fortuna, siempre se halla una grieta por la cual estirar el brazo y traer a estas almas al lado visible de la historia.

Para la mayoría de los patagónicos, Luis Piedra Buena solo es el nombre de una calle o un muelle. Rara vez alguien puede decir algo sobre él. Eso es triste (permítaseme el juicio) porque no conocerlo cercena de nuestro imaginario a un hombre que, por su entrega, debería ser un referente de quienes alguna vez caminamos inclinados contra los impetuosos vientos patagónicos.

No voy a profundizar en la biografía de él. A efectos de conocer su derrotero, digno de una novela clásica de aventuras, considero conveniente acercarse a un artículo publicado en mayo de 1968 en el número trece de la revista Todo es Historia, fundada por Félix Luna. Al artículo Piedra Buena – El buen patagón, escrito de una forma exquisita por Felipe Cárdenas (h) y al que yo mismo hubiese deseado haber suscrito, solo puedo realizarle una corrección nimia, cuyo error se desprende de una irrelevante operación matemática. Don Luís no salvó a 146 náufragos, salvó a 147, pero puede que incluso sean más y yo también esté equivocado.

De Piedra Buena hay mucho para relatar, pero aquí hablaremos de Julia M. Dufour, la Pionera. Nació en un pueblo llamado Carmen de Patagones. Fue hija de Pedro Dufour, un marino francés, que había sido contratado como Práctico del Puerto del Río de la Plata. Su madre se llamó Celestina Rodríguez, era argentina. Don Luis, por su relación con Pedro conoció a Julia, quien era tres años menor que él. Rápidamente floreció entre ellos un fuerte amor que los llevó a casarse en 1868. Luego de celebrar la boda viajaron al sur, donde Luis realizaba sus faenas en alta mar, intentando forjarse un porvenir, al tiempo que cultivaba en aquellos rincones los valores de humanidad y patriotismo.

Se afincaron en la Isla Pavón. Es un pequeño islote que queda a casi dos mil trescientos kilómetros al sur de Buenos Aires. Para llegar a la isla debieron navegar más de mil millas en mares cuya bravura hace tener que mirar al diablo sostenidamente a los ojos. Una vez a salvo de mareas que pueden rondar los doce metros, remontaron cuarenta kilómetros el cauce del río Santa Cruz, internándose en tierras de vastas planicies y vegetación desértica, donde el viento fluye libre y el frio azota con mano furiosa y, si acaso, mata sin remordimiento.

Allí, al calor de su hombre y, a veces, en su ausencia, Julia M. Dufour se convirtió en la primera mujer blanca en vivir en aquellas tierras. Permaneció en la isla dos meses encomendando a la providencia la vida de su flamante esposo, mientras éste circundaba esas latitudes para buscar el sustento y la buenaventura, a la que varias veces renunció por deber moral de rescatar náufragos que, de no ser por él, tenían la suerte echada por el hambre o por el frío, lo que llegara primero. En aquella isla, en la que su marido izó la primera bandera argentina de la Patagonia, Julia, en el crudo invierno de 1868, trabó amistad con George Chaworth Musters, un explorador inglés que fue uno de los primeros en recorrer el interior de la Patagonia, y a quien en 1876 el Perito Francisco Pascasio Moreno honró bautizando a un importante lago de la provincia del Chubut con su apellido, el Lago Musters. Más tarde, respecto a su estadía en la isla, el inglés se refirió a Julia con las siguientes palabras: “con Piedra Buena hice relación más tarde; con Julia, su amable y distinguida señora mantuve una relación muy cordial, que no tardó en transformarse en amistad”.

Durante esos dos meses, también tuvo trato con los Tehuelches, el pueblo nativo patagónico que más correctamente debiera ser llamado Aonikenk. Ellos acudían a una factoría comercial que había fundado el propio Luis Piedra Buena en la isla, por recibir allí un trato justo en los intercambios. El carácter distinguido y la sensibilidad de esta noble señora se ponen en relieve en una cita que se extrajo de su diario de vida, en la que describe sus impresiones cuando llegó a la isla:

“¡Qué triste esta tierra! Lo único que alegró mi alma fue la blanca casita que se destacaba en el centro de la isla como una gaviota reposada sobre las aguas de un mar tranquilo; y al ver la bandera de mi patria que ondeaba en lo alto de un palo en el frente de la casita no pude contener algunas lágrimas de alegría y gratitud. De alegría porque traía a mi memoria los recuerdos de mi querida Buenos Aires, con los seres que allí amo; como estoy de lejos de la civilización, me parece también que estoy lejos de la Patria. De gratitud porque como argentina, con alguna debía pagar al hombre que gasta su vida y sus intereses en servir a la Patria y a la Humanidad del modo y con el desinterés que lo hace mi pobre Luis”.

Más tarde,  ese mismo año, abandonó la isla y se trasladó a Punta Arenas. Uno de los lugares más australes de la tierra. Allí, además de la hostilidad de los elementos, recibió la hostilidad de las autoridades chilenas, quienes sospechaban que su marido era una espía argentino. Era conocida la cruzada patriótica que llevaba Don Luis a favor de la soberanía argentina sobre el suelo patagónico, empresa que, dicho sea de paso, era mirada de soslayo por los gobiernos centrales de Mitre y, luego, de Sarmiento. En una carta a su marido Julia expresaba lo siguiente respecto a su vivencia en el pueblo trasandino:

“Están hechos una furia con nosotros… no permitiendo Dios que nos muramos de hambre pero sí con la convicción de conciencia que he cumplido con mi deber. Al gobernador o al presidente chileno le diré: Señor, prefiero comer cáscaras antes que nadie tenga que echarnos en cara a mí y a mis hijos que su padre fue un traidor…”

Su heroica vida fue muy breve. La necesidad de abandonar aquellas lejanas tierras para dar a luz a sus cinco hijos, la llevó de regreso a Carmen de Patagones, donde falleció a la temprana de edad de cuarenta y un años. La causa fue tisis pulmonar. Probablemente, el clima extremo la fue apagando de a poco. Sus ojos se cerraron en un marco triste, con sus hijos aún críos y en ausencia de su amado.

A su memoria los suelos santacruceños rinden dos homenajes. Una localidad del departamento de Güer Aike lleva su nombre y una estación de una línea de ferrocarril industrial de Río Turbio, también fue bautizada Julia Dufour.

Tardíamente, entre los velos del sueño final, Don Luis y Doña Julia volvieron a encontrarse. Desde el 27 de agosto de 1987, más de un siglo después, descansan juntos en un mausoleo del pueblo donde ambos nacieron, dándose el largo beso del adiós que en vida no se pudieron dar.

FIN

15 Comments

  • Natacha Andrea Frank
    Posted 7 de julio de 2021 at 20:00

    Tremenda historia hermano! Tu relato realmente nos lleva de viaje. Me emociona la historia, me
    emociona la claridad para describir los lugares y los acontecimientos y me emociona mas lo
    lindo que estas escribiendo!!
    Sos un groso! posta, no por ser mi hermano. Te admiro!

    • Lautaro
      Posted 8 de julio de 2021 at 22:06

      Gracias, hermana. Qué linda que sos. Me dan un montón de ánimo para seguir sembrando. Te amo

  • marta
    Posted 8 de julio de 2021 at 23:31

    me encanto ..

    • Lautaro
      Posted 8 de julio de 2021 at 23:52

      Hola Marta, muchas gracias por la lectura y tu comentario. Me alegra que te haya gustado.
      Un saludo cordial,

    • Natalia
      Posted 9 de julio de 2021 at 03:16

      “Comandante Luis Piedra Buena” Muy
      bueno!

      • Lautaro
        Posted 10 de julio de 2021 at 11:58

        Muchas gracias, prima!! Gracias por pasar por el blog. Me alegra que te haya gustado! Un abrazo fuerte

    • Maria Fernanda
      Posted 9 de julio de 2021 at 19:25

      Hermosa historia. Gracias por
      hacerme viajar a la historia recóndita
      de esta tierra lejana, con personajes
      que tan poco conocemos, hasta que
      alguien como vos Lautaro, nos lo trae
      devuelta dándole vida nuevamente.
      Dicen que las personas nunca
      mueren si se la trae al recuerdo. Así
      es, así será. Gracias

      • Lautaro
        Posted 10 de julio de 2021 at 12:01

        Muchas gracias por tus palabras, Fer, bonitas y certeras… hay personas que no merecen morir nunca. Me alegro que hayas disfrutado el paseo. Un beso grande!

  • Marina
    Posted 9 de julio de 2021 at 19:59

    Que importante es conocer estas
    historias que tienen que ver con nuestras
    raíces! Gracias Lautaro….un placer
    leerlas de tu mano…

    • Lautaro
      Posted 10 de julio de 2021 at 12:04

      Hola Marina! Qué sorpresa y alegría encontrarte por acá. Me has traído recuerdos de Dicema. Muchas gracias!! Espero que estés muy bien. Un abrazo fuerte

  • Marcia Gonzalez
    Posted 10 de julio de 2021 at 22:31

    Lautaro me encantó. Te invito a grabarlo en audio y así lo difundimos en
    http://www.radiomarcia.online
    Abrazo
    Marcia Gonzalez

    • Lautaro
      Posted 11 de julio de 2021 at 12:29

      Hola, Marcia. Me alegra que te haya gustado. Muchas gracias por la propuesta. Me
      encantaría. Te contacto por correo. Otro abrazo para ti.

  • Romina
    Posted 11 de julio de 2021 at 09:41

    Un placer leerte, soberbia tu escritura, el primer párrafo es todo, me dieron ganas de saber que
    venia después aserción. me quede con ganas de mas.

    • Lautaro
      Posted 11 de julio de 2021 at 12:31

      Hola, Romina. Muchas gracias por leerlo y tus generosas palabras. Me encanta que lo hayas
      disfrutado!

  • Clara Burgos Torres
    Posted 7 de septiembre de 2021 at 14:11

    Hola,
    Primero que nada, al leer esta
    hermosa historia, sentía como se
    encogía y estremecía mi corazón,
    muchas veces pasamos por alto
    ciertos detalles, quizás por falta
    de información o simplemente
    porque aquel nombre de de esa
    persona no resuena para nada.
    Este relato en breves palabras me
    llevó hasta ese instante donde
    ocurrieron los echos. Y luego de
    terminar de leer sentí como piel
    se volvía fría y quedé mirando
    hacia el mar pensando en esta
    frase… ” Descansan juntos,
    dándose el largo beso del adiós,
    que en vida no se pudieron dar”.

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